El yo despierto observa al yo dormido. Le mira creyendo adivinar lo que sueña, profundamente perdido en su irrelevante soplo de vida. Se pregunta si habrá regresado a aquel lugar secreto donde ni tú ni yo estuvimos; aquel que tan marcada secuela plasmó en su retina; aquel donde las calles no eran tales y donde los colores de la noche no pertenecían a ningún tono existente en la gama cromática.

Todo lo que no es existe allí.

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