El día que encontré a aquel hombre sentado frente al mar, me contó que había asesinado a un fantasma; tenía las manos manchadas de invisibilidad.
El día que encontré a aquel hombre junto a la orilla, iba vestido con la piel del amanecer; miraba el horizonte esperando la rutina del alba.
El día que encontré a aquel hombre tejiendo sueños con las pestañas enredadas en el tiempo, descubrí que aquel hombre a quien el mar empezaba a cubrir los ojos... aquel hombre, era yo.

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